Brenda Fabiola Ruíz Aguilar, diputada de Morena en el Congreso de la Ciudad de México, presentó el 23 de abril una propuesta de reforma para que la Ley de Educación de la capital incluya el derecho del personal docente a la protección de su integridad física, psicológica y laboral. La iniciativa establece la obligación de crear protocolos claros de prevención, actuación y atención ante situaciones de violencia contra maestros, que deberán ser difundidos y accesibles para todos los integrantes de la comunidad educativa.
La reforma abarca tanto a quienes ejercen funciones docentes como al personal que labora en los planteles educativos de la capital. Además, instruye a las instituciones educativas a contar con protocolos formales para responder ante casos de violencia contra docentes, los cuales deberán estar disponibles de manera integral a la comunidad educativa. Ruíz Aguilar formalizó la propuesta mediante adiciones a los artículos 9 y 117 de la legislación vigente, señalando la necesidad de fortalecer la protección institucional frente a situaciones de maltrato, agresión, abuso, trata o explotación en el ámbito escolar. La ley aún no ha sido discutida en el senado ni aprobada.
La propuesta surge en un contexto donde los maestros mexicanos enfrentan violencia digital. Según un estudio de la UNAM presentado en el Quinto Foro Universitario contra la Violencia Digital, 14,6% de los docentes encuestados declaró haber sido víctima de violencia digital por parte de sus propios alumnos. Además, 16,7% reportó la difusión de rumores en su perjuicio, 6,7% señaló que circularon imágenes sin su consentimiento y 3,3% fue objeto de ciberacoso mediante memes o contenido degradante.
Claudia Jean Cortés, académica de la Facultad de Psicología de la UNAM, detalló que el ciberbullying provoca estrés crónico, miedo, depresión y ansiedad, acompañados de daño emocional y violaciones a derechos fundamentales como la privacidad y la dignidad. Los maestros sufren ataques que incluyen comentarios ofensivos, difamación y sabotaje en plataformas digitales, así como falta de respeto sistemática en chats de grupo, redes sociales y clases virtuales. El contenido agresivo se recircula, obtiene mayor audiencia y escala hacia otros tipos de violencia dentro y fuera del aula.

