Investigadores liderados por Stephen Gallagher, experto en geociencias marinas de la Universidad de Melbourne, determinaron con mayor exactitud cuándo y cómo se originaron los 12 Apóstoles, las formaciones de roca caliza ubicadas en Port Campbell Embayment, en el sureste de Australia. El análisis combinó estudios avanzados de microfósiles con revisiones detalladas de la estructura geológica, permitiendo establecer que estos pilares surgieron entre 8,6 y 14 millones de años atrás—un rango más preciso que estimaciones anteriores que hablaban de 7 a 15 millones de años.
La investigación revela que la dinámica de las placas tectónicas fue fundamental para levantar desde el lecho marino las capas de roca caliza e inclinarlas, modificando así la estructura original del lugar. Al observar los acantilados circundantes, se nota que las capas no son planas, sino que presentan una inclinación de varios grados. La presencia de pequeñas fallas registra antiguos movimientos sísmicos que moldearon estas estructuras a lo largo del tiempo.
Tras la última Edad de Hielo, la erosión marina intensa esculpió la apariencia actual de los Apóstoles. Solo en los últimos mil años, después del deshielo, la erosión costera expuso y talló los elevados pilares visibles hoy. Sin embargo, este proceso continúa: actualmente permanecen en pie solo 8 de los pilares originales, consumidos por los incesantes procesos erosivos que afectan la costa australiana.
Las capas de roca constituyen un valioso archivo geológico. Cada estrato preserva indicios sobre el clima, la flora y la fauna de épocas antiguas, incluyendo registros de hace aproximadamente 13,8 millones de años, cuando el clima era significativamente más cálido que en la actualidad. Gallagher señaló que estas estructuras funcionan como una cápsula del tiempo, conservando datos sobre la actividad tectónica y organismos del pasado.
El equipo de la Universidad de Melbourne destaca que este archivo ofrece herramientas para analizar la evolución de los niveles del mar y anticipar patrones relacionados con el cambio climático global. Se mantienen activas las investigaciones sobre antiguos patrones climáticos y oceánicos para comprender mejor los procesos que aún modelan esta franja costera. El monitoreo constante permite detectar cambios recientes, evaluar riesgos y planificar estrategias de conservación ante amenazas ambientales.

