El Banco Central registró una caída significativa de la demanda de créditos durante el primer trimestre del año, según la Encuesta de Condiciones Crediticias que relevan trimestralmente sobre entidades que representan aproximadamente 90% del mercado de crédito al sector privado. Al mismo tiempo, los bancos endurecieron las condiciones de acceso al financiamiento tanto para empresas como para hogares, en un contexto de morosidad récord y enfriamiento de la actividad económica.
En el segmento empresarial, los estándares crediticios se restringieron significativamente. Los bancos reportaron menores montos máximos otorgados, plazos más cortos y mayores exigencias de garantías. La contracción afectó tanto a pequeñas y medianas empresas como a grandes compañías. De forma paralela, las entidades percibieron una disminución sustancial de la demanda crediticia en todos los tamaños de empresas, una señal asociada a inversiones postergadas y necesidades reducidas de capital de trabajo. Para el segundo trimestre, sin embargo, los bancos prevén un aumento moderado de la demanda, especialmente entre grandes firmas.
Entre las familias, las condiciones se endurecieron en tarjetas de crédito y préstamos al consumo, mientras que en préstamos prendarios e hipotecarios no hubo cambios relevantes. La demanda también cayó en todas las líneas, con mayor intensidad en tarjetas e hipotecas.
La cautela bancaria coincide con un deterioro agudo de la morosidad. El porcentaje de créditos con problemas de cobro llegó al 6,7% en febrero, casi cuatro veces más que hace un año cuando alcanzaba 1,76%. El indicador marcó nuevos máximos en más de dos décadas por decimotercer mes consecutivo. En los hogares, la irregularidad alcanzó el 11,2%, el nivel más alto desde 2008. En el sector empresarial, la mora se ubicó en 2,9%.
El aumento de incumplimientos explica parte de la selectividad actual de las entidades financieras. Según fuentes del mercado, los bancos han endurecido filtros de evaluación, recalibraron sistemas de scoring y concentran el crédito en clientes de menor riesgo. Un experimentado banquero señaló que no prevé cambios en esta tendencia al menos durante este año.
El endurecimiento crediticio contrasta con los esfuerzos de la autoridad monetaria por flexibilizar condiciones. El Banco Central redujo encajes bancarios e inyectó mayor liquidez, esperando abaratar el costo del dinero. Sin embargo, el traslado hacia la economía real sigue siendo parcial. Mientras la tasa mayorista TAMAR cayó desde 30% anual a mediados de marzo hasta 22,5% en abril, las líneas para familias permanecen muy elevadas: préstamos personales rondan 70% anual y financiación con tarjeta cerca de 78%.
El Banco Provincia advirtió que, pese al alivio monetario, los préstamos a empresas y hogares en abril crecieron por debajo de la inflación, por lo que "la baja de la tasa no viene siendo un motor de la recuperación de la demanda interna". Con morosidad elevada y volatilidad reciente, el banco agregó que "el rebote vía crédito será un desafío complejo".
El freno crediticio ocurre en un momento delicado para la actividad. El Estimador Mensual de Actividad Económica cayó 2,6% mensual en febrero y quedó 2,1% por debajo del nivel de un año atrás, con bajas lideradas por industria y comercio. Con prácticamente nulo margen fiscal para impulsar la demanda e ingresos reales afectados por la inflación, el crédito emerge como una de las pocas herramientas disponibles para acelerar la recuperación. El inconveniente es que los bancos siguen más enfocados en proteger sus carteras que en expandir préstamos.

