Los debates públicos sobre asuntos científicos tienden a presentarse bajo una lógica binaria: aceptación o negación. A medida que avanza la investigación sobre desinformación, esa simplificación se vuelve insostenible. Sander van den Linden, profesor de psicología social en la Universidad de Cambridge, reflexiona sobre las tensiones que atraviesan los actuales cuestionamientos a la ciencia, diferenciando entre la ignorancia del consenso y su rechazo activo.

En su trabajo, van den Linden demostró que comunicar el consenso científico es efectivo para contrarrestar la desinformación. Sin embargo, advierte que existe una distinción crucial: algunos públicos desconocen que existe un consenso científico, mientras que otros lo niegan deliberadamente. En temas como el cambio climático, predomina el primer caso; en debates sobre vacunas, el segundo es más frecuente.

La amplificación mediática de perspectivas marginales genera lo que denomina "falso equilibrio". Los medios crean la impresión de que hay un verdadero debate entre expertos cuando no existe tal cosa. En un estudio sobre vacunación, simplemente comunicar que la mayoría de los pediatras considera seguras las vacunas redujo las percepciones erróneas sobre un supuesto vínculo con el autismo, sin necesidad de abordar directamente esa afirmación falsa.

Van den Linden identifica, sin embargo, un grupo más resistente: quienes rechazan la propia noción de consenso científico. Algunos lo perciben como un "conteo de votos" o incluso como una conspiración. Otros invocan el argumento de Galileo para argumentar que el consenso es irrelevante para la verdad. El investigador subraya la importancia de recordar que la mayoría de las personas no es Galileo, desarmando así esa falacia recurrente.

Para estos públicos más refractarios, advierte, se requieren enfoques distintos. Técnicas psicológicas como la afirmación de sus creencias pueden resultar más efectivas, generando mayor apertura al diálogo sobre otros temas.