El sistema financiero argentino atraviesa un período de deterioro crediticio sin precedentes. Según datos del Banco Central de la República Argentina (BCRA), la morosidad en las familias alcanzó el 11,2% tras 16 meses consecutivos de incrementos, marcando un hito preocupante en la calidad de la cartera de créditos.

Este aumento se atribuye principalmente a la presión que ejercen la inflación y el debilitamiento del poder adquisitivo sobre los deudores. Las familias resultaron ser el sector más afectado, con tasas de incumplimiento significativamente superiores a las del sector empresarial, que se ubica en 2,9%.

El deterioro se concentra particularmente en los préstamos personales, donde la morosidad alcanzó casi el 14%, y en las tarjetas de crédito, que llegaron al 11,6%. También se registraron aumentos en los créditos prendarios (6,8%) y en los hipotecarios (1,4%). El segmento catalogado como "otros" mostró la situación más crítica, alcanzando 34,4%.

En cuanto a las empresas, aunque los niveles de mora permanecen más bajos históricamente, también exhiben una tendencia creciente. La cartera irregular pasó de 0,8% en febrero de 2025 a 2,9% un año después. Los adelantos (3,1%) y los documentos (2,5%) mostraron los incrementos más pronunciados, mientras que los créditos con garantía prendaria llegaron a 3,9%.

Simultáneamente, el consumo privado argentino continúa contrayéndose con caídas del 2,6% interanuales, a pesar de leves recuperaciones mensuales. Los economistas señalan que este consumo se ha sostenido artificialmente mediante el crédito, acumulando deuda especialmente en rubros como automóviles y turismo, lo que intensificó la presión sobre la capacidad de pago.

Las condiciones de crédito se han vuelto más restrictivas tanto para empresas como para familias, según confirmó la Encuesta de Condiciones Crediticias del BCRA. Aunque la exposición del sistema financiero se expandió, este crecimiento se atribuye más a la devaluación del peso que a un aumento genuino en los volúmenes de préstamos otorgados.