La aceleración hacia las energías renovables desencadenada por la guerra en Irán y la inestabilidad en el Estrecho de Ormuz ha generado una nueva forma de dependencia geopolítica. Mientras los gobiernos buscan reducir su relación con regímenes autoritarios mediante la transición energética, están consolidando el dominio tecnológico de China en sectores clave de la economía global.
Según datos del think tank británico Ember y confirmados por la Agencia Internacional de Energía, China produce cuatro de cada cinco módulos solares mundiales y una proporción equivalente de celdas de batería. Además, fabrica más de dos tercios de los vehículos eléctricos globales. La capacidad instalada en fábricas chinas ya permite abastecer por sí sola la demanda solar proyectada para 2030.
El control sobre minerales críticos es aún más concentrado. El think tank Chatham House documentó que China extrae, procesa o controla más del 70 por ciento del cobalto y litio mundiales, siendo el principal refinador de 19 de los 20 minerales industriales más importantes. Para las tierras raras, el Council on Foreign Relations reporta que China domina el 90 por ciento de la producción mundial de imanes de alto rendimiento.
Esta posición no surgió espontáneamente del mercado. Entre 2000 y 2021, Beijing canalizó casi 57 mil millones de dólares hacia extracción y refinación de minerales en casi 20 países. Programas como "Made in China 2025" identificaron renovables y vehículos eléctricos como sectores estratégicos, inyectándoles subsidios e incentivos fiscales. Desde 2010, los costos de energía solar, eólica y baterías cayeron entre un 60 y un 90 por ciento.
Tres estrategias diferentes han surgido ante este dilema. Estados Unidos aplicó aranceles del 100 por ciento sobre autos eléctricos chinos, pero análisis advierten que esto es contraproducente al mantener tarifas altas sobre alternativas de India o Brasil. La Unión Europea optó por aranceles compensatorios de hasta 35 por ciento adicional combinados con subsidios. Canadá redujo aranceles a cambio de que China levantara restricciones sobre productos agrícolas.
América Latina enfrenta una paradoja particular. Aunque Chile, Argentina y Brasil concentran grandes reservas de litio, tierras raras y niobio, el flujo comercial muestra que el litio extraído localmente viaja a refinerías chinas para retornar incorporado en productos terminados. Brasil intenta romper esta lógica con aranceles sobre vehículos eléctricos para forzar producción local, pero la región aún no ha respondido si posee la capacidad institucional para convertir recursos naturales en poder de negociación real.

