El fiscal de Instrucción Pablo Jávega explicó el método científico que utilizó para identificar al actual sospechoso de abusar y asesinar a Nora Dalmasso. Tras la absolución del viudo Marcelo Macarrón, la investigación se reorganizó alrededor de dos objetivos: fortalecer la perspectiva de género y reexaminar la evidencia genética que durante años había permanecido sin atribución.

La investigación se ancló en una prueba concreta: un haplotipo "Y" —marcador genético masculino— desconocido detectado en el cinto de la bata con la que fue asesinada la víctima. Este rastro había sido informado en 2008 por el especialista Jack Ballantyne del Centro Genético de Florida. "La huella en el cinto de la bata era un buen punto de partida", sostuvo Jávega. El equipo también identificó un ADN mitocondrial en un pelo como segundo elemento clave.

Antes de avanzar, realizaron un exhaustivo relevamiento del expediente y la trazabilidad de las muestras. La estrategia consistió en identificar a personas que hubieran tenido proximidad con la víctima en términos de tiempo y lugar. Se conformó un universo acotado que incluía individuos que estuvieron en la vivienda o en contacto con el entorno de Dalmasso. Entre ellos figuraba el parquetista Roberto Bárzola. "Se les explicó que el objetivo era verificar o descartar. No hubo resistencia", indicó el fiscal.

El avance decisivo ocurrió en el último cuatrimestre de 2024. El equipo encabezado por Modesti analizó a 27 personas: 26 no coincidían con el rastro genético, mientras que Bárzola sí. Fue convocado sin imputación formal para participar en nuevas pericias y permitirle designar peritos de control. Se realizaron nuevas extracciones documentadas sin objeciones.

Tras validar los resultados, Jávega imputó a Bárzola por abuso sexual con acceso carnal seguido de muerte y le tomó declaración indagatoria. Su defensa está a cargo del abogado Zacarías Ramírez Rigo. El fiscal elevó la causa a juicio, aunque hay un incidente por prescripción pendiente en el Tribunal Superior de Justicia.