Un nuevo estudio revitaliza la teoría del Big Crunch, uno de los escenarios posibles para el fin del universo. Según las proyecciones del equipo de investigación, el cosmos no se expandiría indefinidamente hasta una "muerte térmica" fría y oscura, como sostenía el consenso científico hasta ahora, sino que colapsaría violentamente en un plazo finito. Los cálculos indican que este colapso ocurriría 33.300 millones de años después del Big Bang. Dado que el universo tiene actualmente 13.800 millones de años, quedarían menos de 20.000 millones de años para ese desenlace.
El cambio de perspectiva surge de observaciones recientes del Instrumento de Espectroscopía de Energía Oscura (DESI), un relevamiento que elaboró un mapa tridimensional de 47 millones de galaxias. Los primeros resultados sugieren que la energía oscura, la fuerza que impulsa la expansión acelerada del cosmos, no sería una constante universal inmutable, sino que podría variar con el tiempo. Si esta variación se confirma, la expansión cósmica podría desacelerarse y, eventualmente, invertirse completamente.
Durante el Big Crunch, las galaxias, estrellas y planetas comenzarían a aproximarse entre sí hasta colapsar en un único punto de densidad extrema, similar al estado previo al Big Bang. Los investigadores, encabezados por el Dr. Hoang Nhan Luu del Centro Internacional de Física de Donostia en San Sebastián, España, utilizaron un modelo denominado energía oscura de axiones (aDE) para explicar este comportamiento. Según este enfoque, la energía oscura surge de la interacción entre materia oscura extremadamente ligera y la constante cosmológica integrada en el espacio-tiempo.
El modelo plantea que una vez el universo supera cierto tamaño, esta interacción comienza a frenar la expansión. Luego la expansión se revierte, y toda la materia se comprime progresivamente. En las fases finales, la formación y fusión de agujeros negros se intensificaría, con posibilidad de que todo el universo termine comprimido en un único agujero negro colosal.
Los investigadores aclaran que estos procesos cataclísmicos no afectarían de inmediato a escalas humanas o planetarias. A nivel local, otros eventos ocurrirían mucho antes. El Dr. Luu señala que se predice una posible colisión entre la Vía Láctea y la galaxia de Andrómeda dentro de cuatro a diez mil millones de años, mucho antes del colapso cósmico final.
No obstante, los autores advierten que el futuro del universo aún no está definido con certeza. Los datos de DESI son recientes y continúan en análisis. Los primeros artículos científicos completos basados en estas observaciones no se esperan hasta el próximo año. Será necesario reunir considerablemente más información observacional para confirmar si el modelo aDE describe correctamente el comportamiento real de la energía oscura. El Dr. Luu concluye que "se esperan más y mejores datos en un futuro próximo y el modelo aDE será sometido a pruebas rigurosas".

