Analía Girardi Barreau, diseñadora industrial y docente en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires, sostiene que el buen diseño va más allá del cumplimiento normativo. A través de su consultora Agidis y en colaboración con organismos internacionales, ha desarrollado proyectos de alto impacto social que abarcan desde sistemas de rehabilitación de la marcha hasta soluciones para escuelas rurales, enfatizando que la materialidad puede ser un instrumento para disolver barreras y construir autonomía.

En su perspectiva, la ergonomía no debe entenderse como un ajuste tardío al proceso de diseño, sino como su fundamento cuando se consideran cuerpos diversos y cambiantes. Durante años se la interpretó únicamente como una cuestión de medidas y confort, pero hoy representa una herramienta de justicia proyectual. Según Girardi, la discapacidad no radica en las personas sino en la fricción entre sus capacidades y entornos que no las contemplan.

El diseño inclusivo, en esta lógica, no constituye un nicho especializado sino una forma más inteligente y ética de proyectar. Cuando un objeto, espacio o interfaz se concibe considerando la variabilidad humana más allá de las medidas corporales estructurales, se amplía su usabilidad para toda la población. Una rampa, por ejemplo, sirve tanto a quien usa silla de ruedas como a quien transporta cargas o padece una lesión temporal. Según su enfoque, la ergonomía bien aplicada puede integrar al 90 por ciento de la población desde el inicio.

Para implementar este enfoque, Girardi señala que se requieren metodologías específicas: observación en contexto mediante estudios etnográficos, codiseño con usuarios, prototipado iterativo y evaluación situada. Advierte que las normativas por sí solas no son suficientes sin sensibilidad técnica para interpretar qué significan esas medidas en la vida cotidiana.

El desafío contemporáneo del diseño industrial, resume, radica en pasar de adaptar a incluir, de cumplir a comprender, y de normalizar a diversificar. Cuando el diseño abraza la diferencia, argumenta, trasciende lo técnico para convertirse en una práctica profundamente humana.