Facundo Manes plantea que la inteligencia artificial impulsará un cambio en las prioridades humanas, pero advierte que esto solo será posible si se fortalece la salud cerebral de la población. Durante el 2nd Meeting of the International Alliance on Brain Health, realizado en Buenos Aires, el neurocientífico presentó una perspectiva que trasciende lo meramente tecnológico para abarcar dimensiones educativas, económicas y sociales.

Manes realizó una comparación entre la percepción actual del uso excesivo de pantallas y la evolución histórica de la aceptación social del cigarrillo. Así como la evidencia sobre el daño del tabaco cambió gradualmente las normas sociales, anticipa que en una década la absorción constante por dispositivos móviles será percibida negativamente. Su preocupación se centra en el impacto que la tecnología ya ejerce sobre funciones cognitivas críticas como la atención, la memoria y la regulación emocional.

El eje central de su argumento propone que antes de hablar de capital humano, existe una estructura previa denominada "precapital humano". Según Manes, si las personas están estresadas, duermen mal, están deprimidas o ansiosas, no pueden construir capacidades significativas. Enfatiza que sin un cerebro en condiciones óptimas para aprender, no es posible desarrollar verdadero capital humano.

Respecto a la inteligencia artificial, Manes reconoce su capacidad para analizar patrones de datos y reemplazar funciones automáticas, pero marca límites claros: los humanos deciden con el cuerpo, las emociones y el contexto, algo que la IA no replica. De manera similar, la creatividad requiere procesos cerebrales como la preparación, la obsesión y el descanso que generan redes específicas de activación cerebral que la tecnología no puede reproducir.

Introduce el concepto de "impuesto cognitivo" para describir cómo la pobreza y los entornos deficientes impactan el desarrollo cognitivo desde la infancia. Advierte que sin equidad en las condiciones que permiten el desarrollo cerebral, no puede existir verdadera meritocracia.

Desde una perspectiva económica, señala que empresas y países pierden recursos significativos cuando su población sufre agotamiento, ansiedad o problemas de sueño. Las estimaciones presentadas en el congreso indican que la pérdida de capital cerebral podría representar más del 1% del PBI en países como Argentina.