La Plata cambió de nombre en 1952, pocas semanas después de la muerte de Eva Duarte de Perón. El Congreso sancionó una ley que dispuso que la ciudad pasara a llamarse Ciudad Eva Perón, inscribiéndose en un contexto de fuerte identificación simbólica con el liderazgo de la figura que había muerto ese año. Durante el período 1952–1955, todos los documentos oficiales, mapas y registros administrativos utilizaron esa denominación.
El cambio no fue aislado. En esos años, múltiples espacios públicos, instituciones y localidades adoptaron el nombre de Eva Perón como homenaje. La provincia de La Pampa fue rebautizada como Provincia Eva Perón en el mismo período, mientras que Chaco pasó a llamarse Provincia Presidente Perón durante el segundo gobierno peronista. Estos episodios reflejaban cómo la historia argentina quedaba marcada por disputas simbólicas que trascendían lo político e impactaban incluso en la geografía administrativa.
La vigencia del nuevo nombre fue breve. Tras el derrocamiento de Juan Domingo Perón en septiembre de 1955, la autodenominada Revolución Libertadora derogó las normativas vinculadas al peronismo, incluyendo los cambios toponímicos. La Plata recuperó su denominación original, que mantiene hasta la actualidad. Provincias como La Pampa y Chaco también restituyeron sus nombres históricos.
El episodio quedó relegado a la memoria histórica, convertido en uno de los datos menos conocidos sobre la capital bonaerense. La ciudad, fundada en 1882 como un proyecto urbano moderno con trazado en damero y diagonales, volvió a ser identificada únicamente por su nombre original. Sin embargo, el dato revela cómo la geografía argentina fue un escenario vivo de disputas políticas donde incluso la denominación de ciudades y provincias reflejaba proyectos de país y momentos de alta intensidad histórica.

