El clásico mendocino entre Independiente Rivadavia y Gimnasia y Esgrima dejó una tarde intensa con tribunas llenas, goles y un desenlace que favoreció claramente a la Lepra. El Estadio Bautista Gargantini exhibió una imagen de Primera con un marco de público importante y un clima de fiesta desde el comienzo, donde los hinchas azules respondieron con banderas, humo y una tribuna que participó activamente desde el primer minuto.
Gimnasia comenzó con ventaja. Blas Armoa anotó para el Lobo apenas pasados los 45 segundos de juego, lo que pareció inclinar la balanza inicial. Sin embargo, Independiente demostró personalidad y no se desesperó ante el golpe tempranero. El equipo dirigido por Alfredo Berti recuperó terreno gradualmente, dominó el partido y terminó imponiendo su juego sobre las líneas.
Un momento clave llegó con la expulsión de Saavedra de Gimnasia. El jugador fue enviado al vestuario tras tirar del pelo a Matías Fernández delante del árbitro Yael Falcón Pérez, una acción que el árbitro consideró merecedora de roja directa. La acción dejó al equipo de Darío Franco con diez hombres cuando aún buscaba mantenerse en el partido y complicó aún más su situación.
A partir de ese momento, Gimnasia se desordenó y perdió protagonismo. El mediocampo se le escapó de las manos, fue superado en todas las líneas y nunca encontró respuestas reales para revertir el rumbo. Independiente, en cambio, contó con figuras como Leonard Costa, Sheyko Studer y Alex Arce, quienes estuvieron a la altura de la exigencia que demandaba un clásico de estas características.
El resultado final fue contundente para Independiente, mientras que para Gimnasia la derrota dejó secuelas considerables. Más allá de las fortalezas mostradas por la Lepra y la fiesta que generó en las tribunas, el clásico confirmó que Mendoza tiene capacidad para ofrecer un espectáculo de calidad futbolístico y pasional.

